
No lo llames impuro
El predicador comienza invitando a la comunidad a reflexionar sobre aquellos que aún consideran a ciertas personas o situaciones como impuras, despertando la curiosidad sobre cómo Dios puede transformar corazones inesperados. Presenta el relato de Hechos 10, donde Pedro, hambriento, tiene una visión de un lienzo lleno de animales impuros y oye la voz divina diciendo: "no llames impuro a lo que Dios ha purificado". A partir de este episodio, la enseñanza destaca que Cornelio, un centurión gentil, ya vivía una fe genuina, pero aún no había experimentado la plena conversión, y que Dios ya trabajaba en su corazón antes incluso de que se proclamara el mensaje. Finalmente, el predicador invita a los oyentes a examinar su propio camino de fe, reconociendo que ningún corazón está fuera del alcance de Dios, y los anima a abrirse al llamado divino, confiando en la transformación que el Espíritu Santo obra en cada vida.



















